Sorda es la noche sin luna

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    09-Mar-2016
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el artista como significado

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    El Resultado De Las Horas

    Hace unos aos, algunos ms de los que lleva Boskeff viviendo en el pueblo y justo por el tiempo en que se celebraron unas elecciones libres, la situacin econmica no era la mejor para decidir volver a la montaa, en pleno invierno y sin dinero. O quizs, como la situacin econmica empeoraba, decidieron, l y su familia -si podemos decir que fue una decisin conjunta-, que era precisamente lo nico que podan hacer. Una carta de su madre animaba a Ronna a volver a la casa familiar, y en la naturaleza de esa carta estaba tambin plasmada el anhelo de doa Clarissa por conocer a su nieta. Adems de eso, haba una vacante para maestra en la escuela primaria y esa plaza sera para Ronna si su llegada se produca en un plazo relativamente corto de tiempo. As que cogi sus cosas, y a su nia, y le dijo a Boskeff que estara bien y que esperaba que l pudiera reencontrarse con ellas lo ms

  • pronto posible, y parti. Si la naturaleza nos hipnotiza con su dureza y con la belleza de su despiadada crueldad, y los humanos aceptamos unirnos a ella corriendo el riesgo de dejarnos devorar por las condiciones de vida ms extremas, entonces, la fuerza de la imaginacin del hombre seguir imponindose. La despedida son sin reproches, ya lo haban hablado suficiente, las razones haban sido expuestas y tambin en eso se pusieron de acuerdo. Ella siempre pens que la haba compensado casarse con un artista, un autntico artista, y no uno de sus compaeros de clase en la escuela superior de arte. Y lo pensaba a pesar de que l no era reconocido por la sociedad de su tiempo como tal, y aunque reciba algunos encargos de parte de familias burguesas para realizar retratos de doctores y jueces, o de familias enteras, o de fallecidos recientes -costumbre esta que se puso de moda durante un tiempo como un ltimo acto de afecto haca el familiar malogrado-, lo cierto era que la subsistencia en una gran ciudad no resultaba fcil. Boskeff no acept ms encargos, y se dispuso a terminar los que tena empezados para poder seguir a su mujer a su pueblo natal, entre nieve y montaas. Pero un cuadro no es algo que uno pueda rematar con las razones abruptas de un mal carpintero o un ineficiente albail, un cuadro debe ser medido de acuerdo a sus necesidades, y cada paso debe ser dado de modo que nada se escape al necesario control del artista, es un proceso interminable si se profundiza en l y se sigue aadiendo y aadiendo cosas. La vuelta fue en carreta, aunque no haba tanto que llevar, una maletas y una cmoda en la guardaba libros y papeles, el respeto por su pasado y un alivio por su independencia. Haca un fro helado imposible de eludir: a Sheyla la visit con algunas capas de ropa y sobre todo ellos una manta que la cubra por completo desde su cabeza, apenas poda verle los ojos. No haba sosiego en un viaje tan duro, pero era la esperanza inspiradora de un nuevo tiempo, mejor organizado y ms prspero. lo que la empujaba seguir sin desnimo; cualquier otro hubiese sucumbido al azote del invierno. El cochero las miraba incrdulo, pero comprendi su fortaleza cuando apenas quedaban unos kilmetros para cubrir la mitad de su travesa, fue entonces cuando comprendi que las dos, la madre y la hija, era muy fuertes, ms de lo que aparentaban sus cuerpos frgiles, y que ya no le iban a pedir que diera la vuelta. Con cierto resentimiento hacia la ciudad que dejaba atrs por no haberle concedido ni una oportunidad, se despidi de su marido mientras el carretero les meta prisa, vamos seora, el viaje es largo y sera bueno llegar antes de que anochezca, con la rudeza propia de los que han vivido siempre en condiciones de lucha y vida extremas. El testimonio de su amor se plasmaba en momentos parecidos, momentos en los que ni la prisa ms acuciante poda nada, se desearon todo tipo de paciencia y empezaron a pensar desde aquel mismo instante en el momento de volver a reunirse. Ella no llor, y esper mientras Boskeff se dirigi a Sheyla para despedirse de ella, de nuevo volvieron a desearse lo mejor y uno le dijo al otro que se cuidara. Estaremos bien bien deca Ronna mirando al suelo, y luego levantando la cabeza, ya vers como te va a gustar vivir all. Esta situacin dur an unos minutos, en los que el cochero se iba poniendo ms y ms inquieto, refunfuando su malestar entre dientes sin conseguir ser escuchado. Aquel hombre estaba pensando en hacer el viaje de ida y vuelta sin parar a descansar,

  • y al llegar a su destino an tendra que descargar aquella maldita cmoda con los cajones llenos de libros y ropa. Quiz aquella mujer no fuera tan frgil despus de todo, y la suerte la acompaaba pues el cielo estaba despejado y no pareca que fuera a llover, pero viendo la escena de la despedida se inquietaba, era de ese tipo de gente que pensaba que demasiada felicidad atrae las desgracias, y aquellos jvenes parecan amarse sinceramente, y eso no poda traer nada bueno. Despus de medioda, mir a la mujer y a la nia y se conform pensando que no estaba siendo un viaje tan incmodo, apenas protestaban, y en un par de ocasiones la seora haba intentado darle conversacin, aunque no pareca que tuvieran nada especialmente interesante de que hablar. Podramos pasar hablando el resto de nuestras vidas acerca de si la decisin fue la adecuada en los momentos que les tocaba vivir. Supongamos que la situacin hubiese cambiado para ellos, y todo hubiese empezado a ir un poco mejor, que de pronto y sin saber por qu, los cuadros empezaran a ser un artculo bien pagado, y hasta que formaran parte de una nueva moda o corriente que convirtiera en vulgar a cualquier miembro de la nueva burguesa que no aceptara hacerse un retrato en el mejor cuarto de su casa, sinceramente creo que eso los hubiese llevado a vivir algn tiempo ms en la gran ciudad, pero finalmente Boskeff hubiese sido incapaz de retener a su mujer y ella hubiese planteado su irrefrenable deseo de volver al lugar donde haba nacido, sin esperar que l la acompaase si no deseaba hacerlo, ese era su temperamento. El hecho en si mismo de mostrar su fortaleza tena que ver con su naturaleza rural y libre, siempre dispuesta a un nuevo reto, apoyndose en su juventud y desprendiendo la vitalidad que, al contrario de lo que se pudiera suponer, su maternidad haba acentuado. Pero Boskeff haba intentado contrariarla en alguna ocasin, se haba enfrentado abiertamente a ella, y haba descubierto que era intil, cuando tomaba una decisin si todas las leyes terrestres o celestiales, podan pararla. Y puestos a pensar, no llegaremos con dificultad a la conclusin de que nunca se sinti cmoda e la ciudad porque nunca pens en quedarse; haba ido all a terminar sus estudios, no a buscar marido, as que poda calificar su matrimonio y haber tenido una nia, como un mero accidente, si as lo deseaba. No haba ms que hablar, nada iba como haba esperado, con prosperidad o sin ella, deseaba volver a la casa familiar y eso haca. Al igual que en otras ocasiones, la decisin de su respuesta ante la mudanza, eliminaba cualquier sombra de duda o pereza, para ella era una cuestin de fuerza, y saberse capaz empequeeca el tiempo. Desde el momento en el que haba decidido volver a casa de su madre, hasta que la carreta aparc justo delante de la puerta, todo sucedi de forma vertiginosa, como si en realidad el tiempo no existiera, y, aunque se lo haba pasado mayormente sentada en un duro banco de madera abrazada a su hija, le haba dado la impresin de que no haba parado de hacer cosas. La imagen de la casa vista desde la ltima curva la hubiese conmovido, si no estuviera ocupada en mantener a su hija firmemente abrazada y abrigada, luchando contra la derrota por el cansancio y adormecida como haba sido de esperar que sucediera. En cuanto se detuvieron delante de la casa, la puerta se abri y todo le pareci mucho ms fcil, dos vecinos ayudaron a descargar el equipaje y no le permitieron hacer otra cosa que instalarse en su habitacin y atender a la nia a la que no cost hacer entrar en calor.

  • La maana siguiente a su llegada pas muy rpido, durmieron hasta muy tarde debido al cansancio que las tuvo atadas a la cama sin que pudieran sentir que extraaban ninguna cosa, o que algo no fuera como haban esperado. Todos en la casa se guardaron de hacer ruido para dejarlas dormir conformes con el descanso, porque era una seal de que las dos gozaban de buena salud y eso les complaca. Clarisa mantuvo la cocina encendida hasta muy tarde y despus de desayunar dej lo que habitualmente haca por hablar con su nieta, estaba realmente emocionada de poder compartir con ella aquellos primeros momentos. Todo pareca propicio para desaparecer y hacer una primera incursin en el pueblo, y por eso Ronna se visti poniendo especial cuidado en que no le faltara un detalle, se miraba en el espejo una y otra vez cuando oy a puerta y todo cambi. Se trataba de su hermana menor, que an no se haba casado y sala con frecuencia para ver a su novio, a la que echaba de menos y con la que estaba deseando compartir algunas cosas. As que dej su excursin al pueblo por la tarde, y entre charla y charla, lleg el medioda. La representacin que se haba hecho de su llegada haba sido ms o menos como haba resultado, tena devocin por los vecinos de pueblo y estar entre ellos la tranquilizaba. Por eso, cuanto esperaba encontrar y sentir una vez all no se vea defraudado, la respuesta a su curiosidad pronto se vera satisfecha y todos los pormenores de su nueva situacin iran abrindose, en conversaciones con su madre, su hermana y los otros miembros de la familia. Las cosas eran como eran y no iban a cambiar por unas horas ms o menos, por aplazar todas las cuestiones que le venan a la mente.

    Entender La Propia Insensatez De Gusano

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    En la primera semana de soledad para Boskeff, todo le pareca ridculo, sin sentido, que su vida haba perdido valor, as que la dedic a trabajar sin descanso, intentando adelantar la entrega de sus encargos. Como en los peores momentos de su matrimonio en la ciudad, observ que empezar su trabajo en otro sitio no iba a ser fcil, ni contraa por asumirlo la seguridad de mejores resultados, para l instalarse lejos de lo que conoca supona un sacrificio que nadie, ni siquiera su mujer, haba calculado. Ser el nico consciente de sus propias necesidades y no tener el derecho a la rplica era un fracaso aadido, ser el receptor del conflicto interno, el agrio resumen del desagrado por su degradacin, lo hizo concebir no acudir nunca a su cita entre las montaas. En eso estaba, debatindose entre cumplir con sus obligaciones como marido, o alcanzar de nuevo la libertad del artista, pensando en alcanzar nuevas

  • metas, nuevos disturbios en la imparcialidad de sus decisiones, lo que resultara mucho ms fcil para l, o continuar el camino iniciado y permitir que el arte, que hasta entonces lo haba mantenido con vida, se fuera por el desage. El inconsciente juega en nuestra contra cuando minimiza y oculta todo lo que nos importa a diario para dar rienda suelta al deseo inmediato. Sobre todo por ser nuestro inconsciente nuestro mejor aliado en los momentos que crean los ms profundos recuerdos, aunque sean remordimientos, debemos aceptar el rol que juega en los acontecimientos de nuestra vida; y debo decir, que los artistas andan bien de de inconsciencia, aunque no tan bien de remordimientos. Al contrario que muchos de sus amigos, Boskeff era capaz de dejarse llevar por el deseo sin que supusiera un impedimento para seguir adelante con su vida como si nada hubiera sucedido, claro est, si no era descubierto. Y, cundo se manifestaba ese inconsciente con fuerza decisoria? Justo en momentos parecidos a los que viva entonces, momentos en que todo perda sentido, en los que se senta relegado, que dejaba de perder el control y en los que, adems, se presenta necesitado de dejar rodar los acontecimientos para que se definieran por s mismos. Ya no poda atestiguar acerca de su cordura, haba perdido la inmediatez de sus imgenes familiares y no deseaba seguir torturndose. Por haber necesitado algo que no encontraba en su soledad empez a salir de casa a horas en las que deba estar durmiendo, al menos conforme con sus horarios. Todo empezaba a cambiar, su vida no poda seguir en los mismos trminos, porque nada era igual, y deba intentar sobrellevarlo. Ese fue el motivo de su rechazo al descanso, de caminar horas por las calles vacas, de reencontrarse con viejas caras que ya no recordaba, de frecuentar barrios que haba olvidado, y de volver de sus excursiones cuando los primeros kioskos empezaban a abrir sus puertas. Tal vez tena un deber que cumplir, y debera pasar las horas en blanco pensando en ello, introducir en su intimidad el frente del olvido, la guerra a la superficialidad. No poda combatir su abandono recordando las caras de las dos mujeres de su vida, as que se convenci de que si pona un poco de su parte, a pesar del arte, en un par de meses podra terminar sus encargos, pero hasta entonces tendra que desconectarse de toda responsabilidad con las horas. En un momento de realidades dispersas, intentamos dar luz a nuestros deseos ms ntimos para comprender, y una vez comprendidos, infructuosamente solemos intentar que no interfieran en nuestra cotidianidad. Le resultaba perturbador el abandono al que se someta intentado comprender qu realidad era la verdadera. Asuma nuevas fuerzas para intentar razonar y no dejaba de pensar en ello sin demasiado xito, sin conclusiones ni precisin. As lo indicaban los signos de dejadez en que se iba instalando su vivienda, la suciedad y el desorden que empezaba a crecer, sin que tuviera inters por poner una solucin. Entre los razonamientos recurrentes que llenaban sus horas, uno de ellos volva con insistencia, y era el que trataba de discernir sobre su realidad. De un lado estaba el momento que le tocaba vivir, dejndose sobresaltar y sorprender por cada novedad, despertando a nuevas necesidades que la soledad estableca, de otro la realidad personal que se impona con la fuerza de un compromiso: terminar su tarea sin demoras para reunirse con su familia. Era un juego perturbador sin tratamiento posible. La razn artstica propone vivir el

  • momento que nos toca con atencin, no con la premeditacin de experimentarlo para aprender, pero s hacerlo dejndonos sobresaltar. As lo conceba desde su falta de modestia, l, el artista, no rechaza el vino que la vida le ofreca por mucha amargura que le produjera. Desde que intentaba reinventar su forma de sobrevivir como un solitario, ya no se dejaba acompaar ni por los vagabundos que se le acercaban en el silencio de la noche o en los bares, iba dejando un rastro evidente de equilibrio separatista, pues no quera formar parte de la legin de desamparados con la que se cruzaba. Puesto que su condicin, segn crea era ms elevada, la suya era una soledad inconclusa, temporal y no del todo desesperanzada. Se encontraba atrapado en una situacin de la que no renegaba, porque sus propias decisiones le llevaran hasta all y porque volvera sobre sus pasos en algn momento para intentar salvar lo que quedara del destierro. Con cierta precaucin volva a casa una de las noches en que no poda dormir. Se haba hecho de da mientras caminaba y decidi pasar por lugares que no resultaban habituales en sus paseos, posiblemente dando un rodeo o dejando que el tiempo no se permitiera manifestarse en el nuevo recorrido. Eran casas viejas muy pegadas, apenas cabra cuatro personas de pared a pared, si se decidieran a caminar juntas por aquel empedrado estrecho, que ms se pareca a un callejn que a una va de paso, de hecho era posible que poca gente que no viviera all mismo, utilizara aquella calle para pasar por ella en direccin alguna. Ya que no tena prisa, y a pesar del cansancio, decidi pararse a observar los primeros movimientos de la maana en aquel lugar sombro, en el que la condicin para que los primeros rayos de sol hubiesen podido penetrar habra tenido que ver con que las casas tuvieran menos altura y la calle hubiese sido de anchura suficiente, pero no era as, todo lo contrario, un tubo entre tendales, humedad y la sombra perenne de los dos muros a punto de precipitarse el uno sombre el otro, ventana sobre ventana. Se le haba pasado la hora del desayuno, y comenzaba la vida como si el espectculo del amanecer fuera insignificante. Un hombre sacaba las contras de madera del frontal de una tienda de ultramarinos, otros dos hombres caminaban apurados hacia el trabajo portando maletas diminutas con el almuerzo, y se pronto, al pasar delante de una de las puertas, una mujer que limpiaba portales balde con fuerza hacia la calle el resto de su caldero, justo en el momento en que Boskeff se encontraba mirando hacia el interior, y le salpic de agua y espuma negra el pantaln y los zapatos. Cuando se hubo recuperado de la sorpresa descubri a una mujer de mediana edad que sala corriendo para excusarse por su torpeza. Era hermosa, funcionalmente armada para cualquier imprevisto, y con un carcter decidido. Se ofreci a limpiarle el pantaln y le mostr un trapo limpio con un gesto de decidida desesperanza; l rechaz la propuesta apartndose un poco. Entre las cosas que le pasaban por la cabeza en ese momento, ninguna lo llevaba a ocuparse de los bajos hmedos de los pantalones, no poda dejar de mirarla, se estaba tomando la confianza del desconocido que toma algo de alguien sin permiso al recrearse de aquella manera, y ella segua sonriendo como si no le importara que la estudiasen con tal descaro. La reconoci como una belleza natural, y la animalidad de sus movimientos se manifest al aproximarse a ella y apenas dejar distancia entre los dos para hacerle una propuesta a la que no pudo renunciar. Necesitaba que alguien pasara

  • para poner un poco de orden en su estudio, y era de esperar que ella rechazara el ofrecimiento, pero no fue as. Uno de esos das, tal vez el da antes, o el da despus, tambin conoci a Marcello Giani, un agente que se tom la molestia de visitarlo para hacerle un ofrecimiento. Se trataba de un nuevo trabajo, un gran cuadro de familia que slo sera posible a tamao natural, y del que el intermediario se llevara una cantidad sobre el acuerdo final. Perseverante como era, en ocasiones testarudo, no tard en plantarse en casa de la familia para acordar los trminos en materia de trabajo, y afirmar que si por l fuera, se pasara todas las tardes un par de horas para hacer prosperar las primeras lineas, las formas ms determinantes, y los encuadres, pero no pudo ser as, porque le pusieron otras condiciones, y las visitas iban a ser muy restringidas (tan slo tres das a la semana). No resultaba nada fcil centrarse e su trabajo sin poder dedicarle una atencin diaria, y adems, le resultara imposible terminar semejante obra en menos de tres meses, y eso si desatenda por completo otros encargos y compromisos que haba contrado con anterioridad. Cabe decir, que en su nimo no estaba alargar su partida, pero su trabajo deba ser lo primero y sin duda su mujer lo entendera. No debemos pasar por alto que no andaban bien de dinero, y cuando entregara los encargos que deba terminar sin demora, sus ahorros tendran una fuerte inyeccin de confianza o al menos, as lo deca su nuevo amigo Marcello Giani, lo que afirmaba con un eufrico optimismo.

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    Manifiesto De Formalidad

    Si no se habla de la muerte no se habla de nada observ Gicomo Modeo sentado en sobre el brazo de uno de los sillones del Pub del pueblo, sus amigos lo escuchaban mientras se calentaban muy pegados a la chimenea, algunos sentados en otros sillones, otros de pie. Por la propia concepcin de su discurso haca ver que haba escogido todo aquello que les pudiera parecer fascinante a aquellos a quienes fuera dirigido, a los que tampoco importaba demasiado si aquello que reciban con respeto eclesistico tendra un significado posterior. Siempre el conformismo es un aspecto del escritor que aprecian sus vecinos, y Gicomo nunca haba salido de su pueblo, nunca haba recibido estudios superiores y nunca se haba planteado el xito editorial como una finalidad para alejarse de aquellas calles que tan bien conoca. La cuestin del paso del tiempo no desvirtuaba sus sesiones de caf, al contrario, cuando encontraba una nueva idea sobre la que profundizar, no tena reparos en compartirla con los vecinos como si todos y cada uno de aquellos artesanos y labradores fueran

  • en realidad sesudos intelectuales o crticos de alguna revista literaria de la capital. Lo de hablar de la muerte como un tema esencial en sus obras, pareca una consecuencia lgica de hablar con anterioridad de la vejez, y encontrndose en el dilema imposible de esclarecer de cual de las dos cosas era ms importante. Afirmar, como lo haba hacho unos aos antes, de que no se naca para morir sino para envejecer, retena el nuevo discurso que quera plantear, an ms cuando ahora encontraba que el drama de la muerte necesitaba una preparacin superior que la vejez proporcionaba, y que tal vez errneamente haba concedido a la vejez un estatus que no le perteneca, y no se trataba de una finalidad en s misma. Ronna por fin pudo salir aquella tarde a pasear e inspeccionar cada uno de los nuevos callejones, esquinas, parques y monumentos del pueblo de su infancia, al que no volva desde haca algunos aos, el tiempo de terminar su carera, de casarse y de tener una nia a la que llevaba de la mano. Se senta feliz de estar all, como si por fin recuperara una parte de su vida que le resultaba esencial para poder respirar sin ponerse freno -cuando eso era todo lo contrario que le suceda a otros habitantes de aquel lugar, que se sentan atados a l sin poder hacer nada por evitar un destino que haba sido escrito desde antes de que nacieran-. Simultneamente, un hombre la miraba pasar a travs de la ventana de un pub mientras realizaba un discurso encendido, la reconoci al instante, se excus por la interrupcin y sali a su encuentro. La impresin que le caus la imagen de la amiga perdida podra haber causado el efecto contrario, es decir, darle la espalda a la ventana e intentar hacer parecer que nada acababa de suceder, pero lo cierto era que estaba nervioso y que era incapaz de controlar la excitacin. A ella no la inquiet en absoluto reconocer a Gicomo, sencillamente se detuvo y se giro hacia l, esperando el encuentro, la representacin de una amistad de infancia consistente y testimonial, se manifestaba alegremente, porque las amistadas fundadas sobre la razn de la infancia terminan por estrecharse en lazos casi familiares.

    -No lo puedo creer. Cundo has llegado?

    -Ayer, un viaje terrible. No recordaba que el camino fuera tan largo y las horas tan llenas de minutos.

    -Te encuentro muy... cmo decirlo?, desenvuelta? -ella ri porque a nadie ms se le hubiese ocurrido una palabra parecida.

    -Pues yo me veo igual.

    -Debe ser el efecto que la gran ciudad causa en las chicas de provincias. Porque debemos reconocerlo, nunca has dejado de pertenecer a este lugar.

    -Eso parece, tampoco nunca pretend haber nacido en ningn otro lugar -hubo algo de desconfiado resentimiento en su tono.

    -Bien, la vida contina. Te quedars mucho tiempo con nosotros?

  • -Vengo a instalarme -a Gicomo se le iluminaron los ojos y se le agrandaron las pupilas.

    -Eso an est mejor. Todo ser ms animado en adelante. Este pueblo nos tiene secuestrados, pero nadie se ira de aqu sin ms. Me dijeron que te casaste y que tuviste una hija; aqu se sabe todo por muy lejos que te vayas. Ya sabes como son estas cosas.

    -S, ya s. Me he pasado toda la maana ponindome al da -se ri moderadamente, porque exactamente eso era lo que haba hecho nada ms llegar, escuchar a los que le contaban todas las cosas, todas las novedades, las desgracias, las ancdotas de pura risa, las muertes, los nacimientos, los matrimonios, las escapadas amorosas que algunos intentaban mantener a escondidas, las costumbres olvidadas, las tradiciones y las enfermedades, todo deba de ser dicho y una maana no era suficiente.

    Un sistema poltico basado en la reproduccin de sus habitantes era lo que converta al pueblo en un sistema imperecedero segn sus gobernantes. El testimonio de mxima comunin de los ciudadanos con sus vecinos era ayudar a formar nuevas y esforzadas generaciones, y por eso el retorno del viajero, sobre todo lo haca con sus hijos, era considerado un triunfo digno de ser celebrado y reconocido sin excepcin. El impulso de las nuevas generaciones, que haban salido para buscar trabajo o estudiar lejos de aquellas calles heladas, se esperaba a su regreso, y todos daban por hecho que as habra de ser, aunque era un argumento que no se sostena. La vuelta de Ronna haba respondido a una necesidad material, y no al romanticismo idealizado de aquellos que no podan resistir vivir lejos del lugar en el que haban nacido. Lo que daba su carcter a una mujer como ella era tener exactamente claro lo que deba hacer en cada momento, como era el caso de acudir al ayuntamiento el da siguiente a su llegada para inscribirse en el padrn y figurar a todos los efectos como una ciudadana ms. El propsito de ser escrupulosa con el cumplimiento de su deber obedeca tambin al sentido prctico, no se trataba unicamente de un orden moral: La promesa de un puesto de profesora vacante, y la proximidad de las primeras elecciones libres (en las que deseaba expresar su voto), compartan su fuerza con el resto, y eran ese tipo de cosas bien conjugadas las que le daban la fuerza y la empujaban a hacer lo correcto. Al mismo tiempo, intentaba conjugar esa parte de su forma de ser con su sincero inters por el arte, si hacer en todo momento lo que se debe hacer tiene algo que ver con la pasin necesaria e inherente a los artistas. No podra separar la parte que la llevaba a enfrentarse a su deseo de estudiante en una escuela de arte, del sentido de inmediatez que le produca echar de menos las costumbres ms arraigadas en sus recuerdos. As haba ocurrido todo, y no poda decir que hubiese sido un error, no poda renegar de cada una de sus fases, pero si de ser destronada de la afeccin a las propias costumbres, en las que una vez en su adolescencia coronada musa de la primavera, haba significado algo. Si haber vuelto con la gente a la que se senta ms prxima la haca sentir cierta

  • confianza en el futuro, tambin se produca el fenmeno del cambio de residencia, y an reconociendo sus viejos lugares con facilidad el desasosiego de volver a empezar estaba presente. Sus temores estaban someramente reprimidos y controlados, pero no haban desaparecido del todo. Una mujer como ella siempre dispuesta a cambios en busca de su sentido del mundo y como encajaba en l, de ningn modo iba a traducir el fracaso por causa de la crisis como una excusa, su fortaleza fsica y psquica no se lo permita. La tarde pasaba entre visitas a instituciones, formularios e inscripciones, y estaba satisfecha con todo. Sali del ayuntamiento en direccin a la escuela para hacer las ltimas gestiones y conocer por si misma la nueva escuela y a las otras profesoras. De camino se percat de que era viernes al ver llegar por la calle principal y procedentes de la montaa una hilera de unos cien mineros que marchaban cubiertos de carbn y sudor. Estuvo un momento parada mirndolos pasar, sin apenas moverse, sonriente, se trataba de un smbolo de prosperidad como ninguna otra cosa en el pueblo. Hay cosas que suceden que representan en s mismas una forma de vida, a una sociedad, a un colectivo, o a un pueblo, mejor que cualquier bandera, y los mineros desfilando volviendo del trabajo, sucios y esforzados, era un espectculo emocionante. Una de las cosas que haba estado pensando esos ltimos das tena que ver con recuperar el olor a carbn quemado de su infancia, la posibilidad que consista, como entonces, en separarse de los muros de las casas para poder ver las chimeneas humeantes. Pero ahora estaba segura, no era el carbn de las cocinas lo que la debilitaba de melancola, sino en la ptina de polvo negro que cubra los tejados, las calles, los brazos desnudos de los hombres a pesar del fro, sus rostros tan slo distinguibles por sus enormes ojos y sus dientes surgiendo de puro blanco con aquella expresin grotesca entre feliz y derrotada. Intent distinguir entre ellos a algunos de sus amigos de infancia, compaeros de secundaria que desde que haban nacido tenan destinado un sitio en la mina, como un destino inexcusable y aceptado desde entonces. Resultaba imposible, aquellas caras negras no se dejaban interpretar, y ninguno de ellos se fijo en aquella joven sonriente que los miraba al pie de la carretera. Marchaban cantando o simplemente haciendo ruido con los pies, como el paso de un tambor que marcaba el regreso despus de una semana de trabajo intenso, volvan con sus familias, ese honor no era gratuito. El desastre econmico afectaba a todos por igual. Imagnense que de pronto notan la escasez, la falta de sonrisas y que hasta las conversaciones son menos fluidas, cmo habran de ignorar que hay dramas instalados en otras personas?, alrededor, nunca ocultos del todo. No se muestran rotos por pudor, pero van perdiendo el aire y la vida. Con todo, el pueblo se mantendra en pie por la mina, por el carbn, resistira el poder devastador de la falta de trabajo en las grandes ciudades, no llegara hasta all, no lo sentiran ms que en una contencin salarial, en lo que directamente les afectaba. La fisonoma del pueblo, sin embargo, iba a cambiar en los tiempos venideros, eso era un hecho, el abandono poltico haba empezado a producirse, y el cambio de modelo econmico haba sido anunciado. Los signos de otros abandonos se manifestaran en la vida corriente, y a pesar de vivir alejados de las grandes ciudades los ecos de inestabilidad estaran presentes. Nadie poda escapar del todo a un fenmeno que se manifestaba hasta en el rodar de los carros, las carreteras

  • abandonadas, y en el abandono de las ruedas rotas en la cunetas. Del mismo modo que ya no se senta la misma jovencita que haba abandonado el pueblo para terminar sus estudios de arte en una gran capital, en el instante en que estuvo de regreso, aquel primer da de su vuelta se sinti correspondida y reconocida hasta el extremo de (en pocas horas de aquel primer da caminando por calles de nuevo conocidas) sentir que su vida se reconduca y un nuevo cambio se operaba en ella. En los das siguientes, no dej de encajar sus nuevas actividades, de convertir la que haba sido su habitacin de infancia en su nuevo hogar y de soar con tener su propia casa en un futuro no muy lejano. Por todo lo que haba vivido, y por todo lo que an aprenda, modificaba sus posiciones y sus aspiraciones pero no por ello dejaba de calcular todas las posibilidades de felicidad que la vida an le otorgaba. Uno de aquellos das volvi a ver a Gicomo, quedaron para pasear muy cerca del ro. En tal ocasin l le present a su novia Cristalys y ella fue acompaada por su hija. Fue una tarde, desde el punto de vista de la paz que produce la naturaleza, de una placentera tranquilidad en la que ninguno tena prisa por dar por terminad aquel hilo de comunicacin. El nacimiento de Sheyla haba representado un compromiso aadido, se trat de un acto premeditado -el amor hacia su marido ya estaba consolidado y determinado a salir adelante a pesar de todas las dificultades-, as que no se trat de una sorpresa. En realidad, la equivocacin de nuestros actos tambin nace de su reconocimiento, y ese es el punto de no retorno. Desde su forma de pensar, firme y ordenada, mientras paseaba aquella tarde, no dejaba de pensar en el momento del reencuentro con su marido y que de alguna forma tendra que establecer un orden en todas las cosas nuevas que le iban sucediendo y que deseaba contarle.

    -Cmo est todo por la capital? -pregunt Gicomo por sorpresa-, politicamente me refiero.

    -Todo tranquilo, s, todo tranquilo. No hay algaradas, parece que se acepta el cambio propuesto, aunque no se observa optimismo.

    -Y t? Qu piensas de todo lo que acontece, te parece sincero el cambio?

    -La poltica nunca me gust, mucho menos aqu; un gobierno que se dijo de transicin y que dura ya diez aos no parece muy de fiar. La mentira, es el arma de los polticos. Mentir es una forma de justificar el poder injustificable -hablaba con un sentido y resultaba convincente-. Los que mienten es porque no se atreven a dar un golpe de Estado, pero ese sera el lugar en el que estaran cmodos, sin justificarse.

    -Me voy a presentar en las elecciones, y espero no tener que mentir -espet l sonriendo-, no creo que sea tan difcil gobernar un pueblo pequeo como este.

    -Por qu partido te presentas?

    -Por el Partido Institucional, ha sido una buena oferta. Me votars?

  • -La poltica no es lo mo.

    -Pero me votars? -insisti.

    -No lo s, si voto lo har en conciencia -al decir esto, Gicomo la mir fijamente, y una sombra de desagrado pareci cubrir sus ojos por un instante.

    Se encontraba ante un viejo amigo, poda recordarlo en cada una de sus evoluciones pasadas, en sus fases, en los momentos de su vida, los que haba compartido, pero por otra parte, lo vea tan cambiado, que sospechaba que se trataba de otra persona, un ser nuevo nacido de situaciones que ella desconoca, y que a pesar de sus esfuerzos por confraternizar y eliminar distancias, no le era menos extrao que otros amigos o vecinos de los que no saba nada, de otros de vidas ausentes que no compartiran. No extraarse con aquella novedad era demasiado para ella, tan inquieta y confiada, aprenda a madurar y lo estaba haciendo, todo estaba cambiando tambin su forma de pensar. No poda aferrarse a la confianza juvenil que la haba caracterizado durante los aos pasados, y se descubri siendo crtica con la informacin que acababa de recibir, era una mujer que cuestionaba y eso no estaba tan mal. El partido Institucional vendra a ser una continuacin de lo ya establecido, pero Gicomo intentaba hacer ver lo contrario, ella no le crey. No era peor por eso, su fallo no poda estar en dudar de sus amigos, en adentrarse en el terreno de la desconfianza, que siempre haba rechazado por considerar que le permita avanzar con libertad, era la misma persona, con el misma inclinacin bondadosa que haba defendido. Su hija la miraba mientras realizaban su paseo, y a pesar de llevarla bien abrigada, y que haba salido un da de sol incontenible, se enfri y tuvo que permanecer unos das de reposo en cama, lo que retras su vuelta al colegio. No era tan extrao que la nia se refriara, y no le dio mayor importancia.

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    La Debilidad De Los Minutos

    Marcello Giani fue de gran utilidad, y result ser un agente convencido de su trabajo y de la capacidad de los artistas a los que escoga para representar. Al igual que le sucede a otros hombres con enfermedades incurables, era incapaz de separar su trabajo de su curacin, e intentaba cumplir con los consejos mdicos sin quejarse, sin

  • embargo, para l reducirse a una convalecencia y abandonar la actividad en el arte que haba conducido su vida, eso sera enterrarse en vida. Durante ese periodo la creatividad de Boskeff fue en aumento, y el dinero extra que le proporcion el incremento de sus trabajos lo dot tambin de una cierta tranquilidad, que le hizo aplazar su partida una y otra vez, hasta creer que de seguir las cosas as, tendra que replantearse algunas cosas. Marilia haba empezado a resolver algunos de los pequeos problemas que representaba para un hombre vivir solo, en su intento por crear una atmsfera adecuada para el desarrollo de la vida, tal y como ella la conceba, se atreva sin que l se atreviera a contrariarla, a poner floreros con aromticas flores, a ventilar, a mudar la cama, y a tener el suelo conveniente fregado. Pero todos sus esfuerzos no significaron nada, hasta el da en que l le pidi y consigui que posara casi desnuda para uno de sus cuadros, fue entonces cuando todo empez a tomar un sentido ms ntimo y el concepto inicial de ayuda -adecuadamente remunerada, si tenemos en cuenta que todo empezaba a marchar mejor econmicamente- se sintetiz y ella se traslad para vivir a su lado y que pudiera dedicarse con total entrega a su trabajo. Se terminaron las salidas nocturnas, las inquietudes y los insomnios, todo pareca cobrar sentido y la vida de pronto, tomar la cmoda apariencia de la normalidad. La asociacin, debo llamarlo as, entre Boskeff y Marilia se iba convirtiendo en dependencia, y la expresin de sus contradicciones parta de actuar sin entrar a analizar sus condiciones personales. Tmidamente empezaron a relacionarse, pero con el paso del tiempo, se fueron fundiendo en noches de pasin que ninguno de ellos poda controlar, y de esa relacin Boskeff fue capaz de pintar algunos cuadros que suponan un nuevo reto apasionado en su carrera. De este modo vivieron, entre la sencillez de apenas conocerse, el orden y la limpieza que ella estableca, las visitas de Giani y la produccin de cuadros que se iban amontonando apoyados en las paredes. Todo le pareca normal a Boskeff, incluso las cartas que no demoraba en escribir a su mujer, excusndose por su tardanza, explicando que todo pareca marchar un poco mejor, y envindole dinero para acompaar con ese peso necesario, sus justificaciones. Es cierto que tanto l como su mujer necesitaban aquel tiempo de separacin para templar el resultado de su sufrimiento, que haba sido provocado por la crisis social, por la crisis poltica y por sus propias crisis personales, y como suceda en el relato de esas cartas, todo poda mejorar en el futuro porque las cosas eran tal y como l se las contaba. Ahondaba en un mundo de fantasa y se entretena escribiendo como si se tratara de un juego, sin nunca mencionar que en realidad no haba sacrificio, soledad, o desamparo, en prolongar su estancia en la capital. Mientras, ella esperaba con ansia el momento de que acudiera a su encuentro y por fin pudieran reunirse y empezar una nueva vida en el pueblo. Para superar sus diferencias deban entenderse, eso era algo que tena que ver con lo que cada uno quera pero por separado, sus ambiciones y expectativas, superar el combate de ver la vida con ojos grandes y compartir la mirada. Los dos creyeron en algn momento, antes de que naciera su hija, que se sobreentenda que llevaban un desarrollo paralelo, sin que les costara que as fuera en aquel entonces. Era indudable que algo haba cambiado, aunque no parecan dispuestos a reconocerlo, y luchaban contra esos cambios en defensa de la propuesta en la que juntos se haban embarcado

  • al casarse; y adems se queran. El pueblo, ir o no ir a vivir definitivamente a aquel lugar, empezaba a ser la gran diferencia, y Boskeff no comprenda que no era cosa de progreso, no se trataba tanto de eso, si haba de seguirla, tendra que asumir que era un sentimiento interior lo que a ella la ataba a aquel lugar, y el deseo que la induca a instalarse en l. La noche es sorda, no sabe ni de prolongarse, ni de compadecerse de los amantes. No aspira a ser cmplice de la atrocidad del deseo, y, sin embargo, a ella siempre le toca una parte. Por eso, cuando se perpetra la masacra del amor cierra los ojos, los cierra siempre, ya los cierra antes de que los amantes se encuentren. Es un procedimiento matemticamente demostrado el que dos cuerpos se encuentren y se amen, por eso no da tregua y cierra los ojos, antes incluso de que los dos seres destinados a amarse se conozcan. Y al cerrar los ojos la noche nos deja a oscuras, y los que no queremos or el ruidos de la cisterna ahogando las penas despus de medianoche, dormimos y soamos bellezas intangibles. Boskeff pas su mano por la espalda de Marilia, la haba estado pintando toda la tarde y no se tapaba ms que con una cortina, un visillo totalmente transparente, que l le haba pedido que se pusiera por encima, y que le daba el aspecto de una diosa de la naturaleza. La mordi en los pechos, el los labios, en los dedos, y a continuacin la llev a a recostarse en para comenzar un rito de persuasin innecesario, porque ella estaba dispuesta a ceder en todo, y sus pezones se erizaban buscndolo. Entre jadeos escucharon que alguien golpeaba dbilmente con los nudillos en la puerta, se trataba de Marcello Giani, que en noches parecidas arrastraba su enfermedad en busca de un poco de compaa. Siguieron amndose e ignoraron el crujir de la puerta, mientras el agente daba ya la vuelta encogindose de hombros y bajando la escalera con dificultad porque la absenta todo lo nubla. La indudable estrechez de la muerte nos hace a todos ms democrticos, pero es ms cierta la enfermedad, o la vejez con lo que tiene de incurable, si hemos de aprender de un cuerpo que sufre un sufrimiento prolongado. Tambin aadi a Marilia en uno de esos cuadros que mostraban una anciana, casi esqueleto, un alma a punto de expirar, el aspecto del cadver que an palpita, las manos dbiles y los ojos en blanco, se abren al afecto de un ser querido que la abraza en su lecho. Su hija o su nieta, a la que da forma y expresin el rostro desolado de la amante, mientras Boskeff da agresivos golpes de pincel sobre el lienzo. No era el arte el que haba perdido la fe en la solidez de los moribundos, eran que los artistas se ocupaban en salones de baile y escenas campestres. La idea de la joven asistiendo da a da al deterioro del cuerpo envejecido, abrazndolo, amndolo con ternura de hija a un cadver que se perpetua en la enfermedad haba que extraerla de la imagen, del contraste de la belleza joven y como el afecto resiste a pesar de la putrefaccin de la carne que estrecha contra s. La matemtica de la noche se haca cmplice de sus jadeos, y Boskeff se exprima hasta quedar exhausto, hasta caer agotado y dormido despus de haber perdido la nocin del tiempo. Por la maana no recordaba nada de los sucedido, y se levant de mal humor, mientras, Marilia tomaba un caf moviendo las piernas y canturreando una vieja cancin de orquesta de baile.

    -Cuando hay objetos por medio del cuadro, en ese terreno, por ah es por donde

  • mejor me desenvuelvo, entre tazas, sillas, zapatos sucios y ropa de cama. Objetos cotidianos con los que nos relacionamos como si formaran parte de una gran familia de seres inanimados dispuestos a soportar todos nuestros malestares. Sobre este panorama de la tarde en la que me pongo a imaginar nuevas formas y colores, coloco el motivo principal, que en este momento es Marilia y su cuerpo desnudo. Siento no poder ser ms explcito, es lo que puedo decir acerca de mis cuadros ms apreciados, querido Marcello. Los trabajos de familia en casas ajenas no son del todo mos, pido consejo, pregunto como desean que se realice, si hay cosas con las que estn encariados que desean que tambin salgan en el cuadro, hasta permito que sean ellos los que escojan el lugar de la casa en el que desean posar, siempre que se trate un cuarto bien iluminado.

    Marilia los miraba hablar sin intervenir, y Boskeff tena una expresin sombra, de no poder concentrarse en el presente. Nadie hubiese adivinado entonces que una parte suya haba empezado a preocuparse por lo que consideraba parte de l y no poda ver a diario, del mismo modo que se miraba en los reflejos de los cristales o en los espejos. No se encontraba del todo en lo que viva, en las conversaciones o con aquellos con quienes comparta algunos de sus mejores momentos, la tristeza era inmanente a la ausencia, y la cordialidad necesaria por su creciente falta de inters por el mundo real. La conversacin cambi de signo, y Marcello enlaz un accidente callejero (un carro haba arrollado a una seora que venda flores) con las desgracias de aquellos enfermos que nunca se recuperan, y conviven con su enfermedad de forma natural.

    -No es grato estar enfermo. Hay gente que ni siquiera es consciente del dolor que eso supone para su familia. Mi mujer estuvo durante aos tendida una una cama, y sin perder el humor. No la puedo olvidar, era positiva, y nos animaba a todos con sus recuerdos, siempre divertidos. Apenas le quedaban unos das de vida, y ella segua comunicando todo lo positivo, y toda la energa que era capaz de acumular. Slo tengo buenos recuerdos -hablaba de su mujer enferma olvidando que l tambin lo estaba de gravedad, ponindose en la situacin en que los sanos hablan de los que no lo estn, tal vez en la creencia de que eso lo lleva por un minuto al terreno y dimensin de la salud, porque todos creemos en nuestra salud y adoptamos esa postura de superioridad del que se encuentra lleno de confianza, pero nadie conoce la verdad de su tiempo de vida, ni lo valora, sencillamente nos dedicamos a creerlo infinito.

    Una primera impresin llevaba a Boskeff a no creer que Marcelo hablara de la enfermedad de otros como si fuera algo que a l nunca le afectara, la diferencia evidente de juzgarse a s mismo y sus posibilidades, distaba mucho del drama que s encontraba en los recuerdos. Unicamente aquellos momentos de reflexin podan llevarlos a ser amigos, ms all de sus relaciones comerciales o del inters por conocerse como parte de un negocio. Pero no haba ni sombra de estrategia en ninguno de los dos, no eran de ese tipo de personas que lo calculan todo en base a un futuro inmediato al que les interesa adherirse y que nunca confesarn.

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    La Extraccin Del Mineral

    Experimentaba sensaciones que no poda ordenar inmediatamente, aunque su madre y su hermana eran de mucha ayuda en todo. Algunas cosas se iban arreglando, como lo de empezar a trabajar en la escuela o lo de conseguir algn espacio extra en la casa de sus padres, si bien, ya haba decidido tener su casa propia. La ceremonia del asentamiento se iba produciendo adecuadamente, sin dificultades ni retrasos, pero adems de todos los recuerdos melanclicos que le produca la luz, el aire y los recuerdos infinitos. Estaba inquieta, en ocasiones no lo poda disimular y eso no era normal en ella. Los hombres sometidos a un sufrimiento superior se conocen a s mismos, saben cunto valen, y descubren que por evitar el sufrimiento no es tan difcil vender la propia dignidad. Las cartas que Boskeff iba enviando a Ronna, estaban llenas de excusas, en ellas existan razones imprecisas que una y otra vez aplazaban el momento de reencontrarse. Resultaban de un optimismo poco creble y proponan que mientras las cosas siguieran prsperas y las propuestas de trabajo siguieran apareciendo, l debera seguir aprovechando el momento y posponer cualquier viaje. Si hablamos de enfrentarnos al mundo, todo se acaba refiriendo a las fuerzas necesaria, a nuestras propias fuerzas. Renunciar a lo dispuesto por nuestros deseos puede tratarse de una imposicin, porque la acumulacin de energas nos puede ayudar a resistir un crudo invierno, una crisis o un largo viaje en condiciones penosas. Para ella, en las circunstancias de un reciente cambio -lo que pareca afrontado de forma radical y definitiva-, desde el primer momento, desde el instante posterior a la llegada a la casa de su madre, todo se reduca a ir acumulando esa energa necesaria, sin prisa, sin obsesionarse, pero sin ceder un minuto a las casualidades o a la distraccin. A partir del momento de instalarse en la casa de su familia, se dispuso con determinacin a recuperar, lo que ella consideraba, un estatus perdido, y podra haberse descrito sin rubor, podra haber intentado demostrar que cualquier esfuerzo por descomunal que pareciera, en poco tiempo estara a su alcance. En sus aos de juventud ya haba estado orientada a tanto sacrificarse, esa era su naturaleza, y ahora, la acumulacin de fuerzas entroncaba, sin miramientos, con el deseo de no dejarse llevar por la adversidad de los peores tiempos que haba conocido. Se puso de acuerdo con los miembros de la familia para que estableciendo turnos cuidaran a Sheyla que se recuperaba de su resfriado, hasta el abuelo estuvo de

  • acuerdo en colaborar, lo que resultaba sorprendente porque apenas se mova de su silln en todo el da. Mientras, ella deba seguir con sus visitas y sus gestiones, lo que le resultaba incmodo por la forma en la que se haba organizado, abriendo demasiados frentes y compromisos en un mismo da, pero aceptando que eso acelerara su proceso para instalarse. Llev los documentos que le haban pedido en el ayuntamiento para establecer la direccin en la que viva como residencia habitual, aunque eso tendra que cambiarlo ms adelante, estuvo en una reunin de la asociacin del colegio, a la que no perteneca pero como le dijeron que sera conveniente que fuera, all estuvo. se pas tambin por la tienda del pueblo, que tambin era de una vieja amiga que le haba heredado de sus padres, quera poner unas cortinas nuevas en la habitacin y despus de saludarse y contarse las ltimas novedades all estuvieron as dos escogiendo las telas un buen rato. Todo lo que suceda aquellos primeros das, nada tenan que ver con con su deseo de avanzar, se mova sin resuello, pero era consciente de que todo tena su propio ritmo, y que por mucho que lo intentara deba esperar los plazos previstos para que las cosas sucedieran. De camino para la tienda en la que se encontraba, vio a Gicomo Modeo rodeado a gente del pueblo, esta vez estaba en la calle y no dentro del pub, no la vio. Pero lo que me parece sobresaliente resaltar no es que estuviera de nuevo rodeado de amigos, sino que esta vez hablaba de poltica y no de arte, ella pudo escucharlo y comprendi que se trataba de un discurso en contra de los extranjeros, y de aquellos que pretendan instalarse en el pueblo para beneficiarse de su prosperidad. Nada nuevo, o que ya no hubiese escuchado en la ciudad, Gicomo argumentaba sobre la falta de trabajo debido a la crisis, y la estabilidad que deban proteger, y que les proporcionaba la mina de carbn, y a continuacin hablaba de enfermedades y de muerte con tanta naturalidad que daba miedo. Acusar de los extranjeros, de traer enfermedades, ideas catastrficas, plagas bblicas y causar el desmoronamiento de una sociedad era un discurso que slo poda tener cabida entre gente muy ignorante, o inocente, si se prefiere, y la educacin era fenmeno que el Partido Oficialista se haba encargado de desprestigiar y entorpecer durante aos. Entonces l no saba que los costes de transporte provocaran que se deprimieran tambin los salarios de los mineros, y que la depresin les alcanzara aislndolos an ms del mundo. Se tom aquellas palabras como una ofensa que no deseaba tenerle en cuenta, pero empez a pensar en la necesidad de un candidato que se opusiera a las ideas de desprecio que Gicomo verta hacia los extranjeros. Lo coment con su amiga de la tienda y obtuvo la respuesta que esperaba, nadie quera presentarse porque los cambios en la poltica podan no ser definitivos y representaba un compromiso demasiado grande.

    -Gicomo se ha convertido en una persona importante en estos aos. Convocarn elecciones libres, pero los de siempre siguen, en cada pueblo tienen un candidato bien pagado -dijo Sarita, la duea de la tienda, a la que tampoco le gustaba el discurso de, los nuestros primero.

    Siempre existe una distorsin entre humanos que apela a la convivencia como nica salida a la desigualdad. La necesidad de un concierto de amables acogidas para que

  • nadie se sienta desprotegido o desamparado. Del mismo modo que su familia la haba recibido sin reservas en aquel momento difcil, haba un sentimiento de confraternidad en ella que tena que ver con las simpatas y bondades de la gente accesible, por vecindad o por una dimensin superior de piedad, lo que casi nunca iba unido a la religin nacionalista que se practicaba. Tena suerte de ser reconocida, sus rasgos no haban cambiado tanto, y de que todos comentaran sobre sus intenciones, aunque no tuvieran ni idea de cuales eran sus planes. Se haba estado paseando por todo el pueblo sin reparo, favorecida por la decisin de no dejarse intimidar por el hecho, de que su regreso se debiera a un fracaso que arrastraba desde otro lugar. La saludaban, algunos la apreciaban, como en otro tiempo haba sido, se prolongaban los ms notables momentos de su vida, pero el reconocimiento era con su apellido, con su familia, con sus abuelos y con aquellos que en otro tiempo tambin se haban relacionado y con otros haban construido todo lo que hoy pareca estar all desde siempre. Por eso, en lo que se refera a no sentirse rechazada, la haca sentirse optimista, pero de no haber sido as, hubiese estado dispuesta a luchar sin tregua, por hacerse un lugar en el mundo. En las charlas que Gicomo Modeo daba para sus vecinos, no dejaba de repetir los mismos argumentos aburridos que algunos preferan evitar, cambiando de acera, o dndose media vuelta si celebraba sus reuniones en la calle, y resultaba imposible pasar sin escuchar alguna de sus sentencias pesimistas acerca del futuro, incluso para una mujer como Ronna, capaz de descubrir un engao en cuanto lo viera, intentar no juzgarlo por una posible fidelidad a la antigua amistad era tarea ardua. La llegada de una comisin de trabajo del partido, sirvi de apoyo a Gicomo, iban juntos a todas partes, y nadie, ni los ms confiados podan suponer que se trataba de establecer las lineas ms duras de actuacin en todo el Pas, nadie supo relacionar aquella llagada con la entereza de nuevos discursos cada vez ms duros y radicales. Ya no perseguan convencer a un nmero mayoritario de ciudadanos para que los votaran, se trataba de expandir aquellas ideas en contra del desorden obrero, del peligro de los extranjeros o de la inconveniencia de la modernidad. Y esto ltimo era sorprendente, porque la modernidad pareca cuestionar algunas de sus consignas, y crean poder sobrevivir oponindose a todo progreso, lo que no era del todo un error, al menos en Valrovia. Slo una falta completa de esperanzas paralelas podan parar aquel impetuoso ataque contra la razn, todos saban lo que quera decir que les prestaran tanta atencin y que los grupos de trabajo se estuvieran moviendo con rapidez y sin esconderse por todas partes. Para los inmigrantes se trataba de la noticia de una persecucin y algunos apenas salan a la calle, incapaces de adaptarse a los nuevos tiempos. Los cambios prometidos se iban a dar un bao de democracia, del mismo modo que los camaleones cambian de color segn convenga a sus necesidades, pero los planteamientos y propuestas no haban cambiado, como no cambia la raz del rbol con el cambio de estacin. Ronna lo tena claro, y ella misma se hubiese presentado como opositora a Gicomo por algn partido de los que buscaban implantarse en el pueblo, si no fuera porque deba centrarse en sus propias necesidades. Se concedi un minuto para volver a las cortinas, no tena mucho tiempo, y no

  • deba dedicrselo a Gicomo. De dnde haba salido aquella impresin, aquel inesperado inters por la poltica? As se iban disponiendo las cosas, sin haberlo planeado, y mucho menos haberlo deseado, en su vida entraban nuevos planteamientos, nuevos intereses, nuevas inquietudes, todos sus inamovibles principios empezaban a moverse y deba pensar en ello, porque sus prioridades tambin iban a cambiar. Todo el mundo de principios, alguna vez en su vida, tiene que tomar a una decisin que lo enfrenta con su propio orgullo y hace que se tambalee la opinin que tiene de si mismo. Tener principios es una disciplina, y en ocasiones la vida nos pone a prueba al respecto, hacindonos ver que se trata de algo absurdo porque la voluntad natural funciona sin reglas, aunque, aparentemente pueda parecer lo contrario. Poco tard Ronna, despus de empezar a trabajar en la escuela, unos meses despus de su llegada, y cuando empezaba a confiar en que todo empezara a ir mejor, en enterarse de que Boskeff viva con otra mujer, y que aquellas cartas que le enviaba a las que acompaaba algunos billetes, no tenan el menor sentido. Tuvo entonces que buscar una sustituta para que los nios quedaran atendidos y pagarle generosamente, los das que estara fuera, porque su decisin fue partir de inmediato en busca de su marido. De alguna forma se las arregl para explicar a la directora su inexcusable falta y convencerla de su seriedad a pesar de todo -lo que no era fcil, porque apenas la conoca y uno no empieza en su trabajo con problemas y ausencias desde los primeros das-. Su madre estuvo de su parte en todo, y la apoy cuando le dijo que partira para comprobar por s misma el chisme que algn viajero haba trado, y que se haba propagado sin descanso hasta llegar a sus odos. Sheyla haba superado su resfriado y el cansancio del viaje y el cambio de costumbres, todo pareca ir mucho mejor para ella y qued felizmente al cuidado de su abuela. Ni siquiera tuvo conocimiento directo de esa primera delacin, as perdi la confianza que depositaba en l. Como un hombre parece tener clara intencin de no someter del todo su fidelidad para siempre -as lo entendi-, la decepcin no se limit a crculo familiar, sino que empez a sospechar de las malas intenciones de todos los hombres, de las que hasta entonces, por alguna extraa razn, haba estado protegida. No se haba sentido acosada, y si alguna vez sus ojos se haban cruzado con otros ojos que la buscaran para conducirla al deseo y comprometerla, lo haba olvidado con rapidez, y no le haba dado mayor importancia. Nunca se haba sentido tan humillada. El tramposo que movi semejante noticia dejaba en el aire alguna esperanza, porque tena que ser un tramposo el que se dedicaba a difundir la amargura sin ningn reparo. Pero ella segua triste, de nada le serva buscar excusas o posibles errores, se lamentaba sin dejar de verse en la escena que se producira en unos das, un reencuentro fro, calculado y sin concesiones.

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  • La Pasin Nefanda Del Delator De Sueos

    Por fin, levantndose del catre, tuvo tiempo Boskeff de mirarse en un espejo. Si Dios exista, en su infinita bondad, haba otorgado al hombre los espejos para sacarlos de lo subjetivo de la vida, de su error de creerse a salvo de todo lo malo que vea en otros, de mirar siempre hacia afuera. Si su aspecto era tan lamentable se deba principalmente a su falta de previsin y al ceder el estupor lo invadi el miedo. Entonces empez a reconocer que la soledad lo converta en un animal hurao, insociable, sin gana, desnudo ante el espejo e intentando entender qu le haba pasado, para creer que podra pasar del mundo y vivir unicamente pensando en la pintura. Tal vez, en esa misma habitacin, en otro tiempo, alberg un sentimiento de ternura hacia su pas, su gente y su familia, pero ahora lo haba olvidado, no haba esperanza. Slo un iluso hubiese credo que haba solucin para s mismo sin contar con otros, dejando que Marilia lo abandonara poco despus de la recada de Giani, devolvindolo a la realidad. !Qu poco dur su amistad! El tiempo de quererse y unos posados, que no fue mucho. Por fortuna, haba terminado los cuadros que le hizo a su sirena, unas veces con cola de pescado, otras con alas de ngel. Con un absurdo comentario acerca su imagen y lo grotesco que le pareca, Boskeff dio media vuelta y arrastr un taburete bruscamente, pareca cansado, y su imagen le respondi con un silencio abismal; entonces se recrimin por haber sabido desde el principio que no le hubiese pedido a Marilia que se quedara demasiado tiempo. All con los brazos sobre una mesa sucia intent corresponder sus aspiraciones y su falta de sueos, se estaba apagando sin remedio su alegra. Las pequeas maldades y dramas con los que la vida nos trata tienen la indecorosa exactitud de lo improrrogable. Ah estaba de nuevo, oyendo la exigencia atronadora de una puerta golpeada por una mano reconocible. Era posible que aquella forma de llamar fuera la de Ronna? Lleg sin previo aviso, con la desgana propia de un fraude y sin demasiada confianza en las razones que la haban movido a dar aquel paso. Posiblemente, lo que evit que su matrimonio se fuera por el desage fue que Marilia haba desaparecido, y que Ronna no la encontr en el piso a su llegada, adems, aquel sentido catico de la existencia, el desorden y la suciedad no dejaban ver que l viviera en una agradable fiesta permanente, sino todo lo contrario. Punto por punto exigi conocer los aspectos de aquel cambio, de lo que se significaba y si se encaminaba a alguna parte o slo se dejaba llevar por el abandono, l, dcil, se dejaba de nuevo llevar sin que le pesara. Pocos hombres sabran dejarse llevar por el mpetu de la persona que amaban como l lo haca, y eso tambin jugaba a su favor. Y muy pocos, rehacerse de sus cenizas y salir airosos de las situaciones ms difciles, de la forma en que l lo haca.

    -He venido porque todos comentan lo de esa mujer -entonces vio los cuadros-, es ella?

    -S, es ella.

  • -No quiero saber nada. Nunca la menciones, olvdala, como si no hubiese existido. An no s como afrontar lo que nos quede, pero s que si me hablas de ella alguna vez, y se me hace presente como una condicin no deseada en mi vida, entonces tendrs que irte. Lo siguiente es recoger, que plantes todo lo que tengas en marcha, cualquier cosa que hallas empezado, y maana que partas conmigo hacia Valrovia, ests de acuerdo? -lo desafi.

    -Si, pero tengo un amigo enfermo, al que me gustara visitar antes de salir.

    Sufra por lo que estaba sucediendo, no poda prestar mucha atencin a sus razonamientos, sufra como una luz que se agotaba crujiendo y no lo escuchaba, pero aquella tarde lo acompa a casa de Giani. Lo mir con la abyecta sensacin de no conocerlo, con aceptar la traicin de un extrao, pero con el convencimiento de que no poda hacer otra cosa. No le cont nada de como iba todo, de que haba empezado a trabajar de maestra, y aunque l se lo pidi, se neg a contarle nada de Sheyla y de como se desenvolva en casa de sus abuelos, se limit a un lacnico se encuentra bien y de nuevo el silencio entre los dos. Una amistad creada alrededor del inters por el arte empezaba a consolidarse, se deca a menudo Giani mientras alimentaba la idea de conseguir trabajos y crticas de prensa para su amigo. Aceptaba las crisis de su enfermedad con paciencia, aprovechando para releer viejos libros y prestar atencin a sus asuntos domsticos. As pasaba las horas cuando recibi la visita de Boskeff, estaba recostado y las mantas bien prendidas y cogidas con ambas manos sobre el pecho. A Ronna la salud con desgana, adivinando algn tipo de conflicto y observando que ella tampoco deseaba entablar ninguna conversacin, como si acompaara a su marido por compromiso. Dentro de la habitacin no parecan dispuestos a tener una reunin agradable, pero era espaciosa y las cortinas estaban abiertas, lo que haca posible que ella se hiciera la distrada viendo hacia la calle y movindose hasta dejar espacio a los dos amigos. Nada haca predecir al enfermo un buen resultado de la visita, no haba sensaciones agradables, estaban tensos, y Boskeff le dio la noticia de su partida sin alargarlo demasiado. En aquella casa haba de todo, era un mundo diferente al transitaban habitualmente, aunque Boskeff, por su trabajo haba visitado lugares a los que ningn hombre trabajador tena acceso, jardines de ensueo, moradas principescas habitadas por hombres del ms alto rango, religiosos, militares, polticos o banqueros. Mientras Ronna inspeccionaba con disimulo todo aquel derroche, desde los muebles en maderas repujadas con dibujos detallados, los espejos grandiosos, las cortinas amplias, pesadas y tupidas y todos los objetos artsticos que adornaban las vitrinas y los anaqueles, Boskeff, haca entrega a su amigo de los cuadros que le haba hecho a Marilia, apoyndolos contra la cama y sealando que a l le parecan muy buenos y que le hara muy feliz que una persona que apreciaba los tuviera. En Ocasiones, en el reconocimiento que se tienen los hombres, hay una evidencia de justicia, de poner las cosas en su sitio, y de alcanzar uno mismo su propia medida. Una imprevista convulsin, seguida de ataque de tos agudo hizo que la mucama se acudiera a toda prisa para darle su medicamento, y ese fue el momento que marc la

  • despedida. Hubo entonces un silencio y cuando pareca que ya se iban a dar la vuelta para abandonar la habitacin, Boskeff le dijo que le escribira, y que ojal algn da pudieran volver a verse. Cmo haba sucedido todo aquellos meses hasta llegar al punto de haber perdido dominio sobre sus decisiones, era algo que el pintor no terminaba de entender. No era capaz de interpretar qu tipo de sustancia se haba colado entre su sangre, el tacto de sus dedos, las ilusiones o las interpretaciones que hasta entonces haca de cualquier cosa. Por muchas vueltas que le diera jams entendera qu lo haba llevado a despojarse de cualquier responsabilidad o juicio, y decidir que ninguna tena un valor censurable ms all de no luchar por sobrevivir an cuando lo creas todo perdido. Ya slo poda tener presente que dejarse llevar era lo que estaba haciendo, no desde que aceptara dejar la ciudad y su trabajo atrs, sino desde mucho antes, desde que no tena voluntad. No le haca falta un espejo para este viaje, en lugar de recordar debera pasarse por imgenes recientes, la impresin de su propio cuerpo desnudo para un autorretrato deba la expresin de sus sus ltimos miedos. Esta forma de actuar tan desordenada como inesperada nunca antes se haba manifestado: la definicin de un hombre no se altera por perderse, y a veces andamos perdidos. La llegada de nuevos amigos aadi confusin pero tambin le haba dado el respiro que necesitaba, todo estaba bien hasta ah; el distanciamiento con Ronna pudiera parecer un agravio en el que slo l tena parte, pero lo cierto es que tarde o temprano ese distanciamiento termina por suceder. Se dejaba llevar por la nica persona que poda enfrentar con autoridad a las contradicciones surgidas de aquellos das; contradicciones que no se iban a resolver por poner tierra por medio, porque nada resolva la idea de un arte que debe sacrificarlo todo. Absurdamente dispuesto al sacrificio, en el viaje de paisajes inesperados, respir un aire que no recordaba y eso lo despej, dej de encogerse y se plante buenos propsitos. Esta facilidad para cambiar de posicin lo haca confiar cada vez menos en sus propios deseos, detestar conocerse tanto y tener que reprimir sus emociones. Deba marcar las lneas de conducta que encajaran en el mundo que ella diseaba, no para l, ella lo haca por tener una familia, lo que era una eleccin personal. Pero no una familia cualquiera, haba unos lmites de compromiso y por eso la idea de aquel viaje fue dejarlo claro. La miraba y no poda dejar de admitir que luchaba por lo que quera, y que hubiese ido y venido por aquel mismo las veces que hubiese hecho falta si una pequea solucin a los problemas se adivinara detrs de tanto sacrificio. Y despus estaba el silencio, la desgana, no querer hablar con l porque no tena nada que decirle, esa forma de interiorizar que se alargara en el tiempo como se alarga la desgracia despus de cada derrota. El silencia era ms que incmodo, era doloroso, y tendra que asumirlo. Bajo ese punto de vista no resultaba extraa la ambicin y la sed de batallas por ganar que otros esgriman, resultaba muy probable que estuviera equivocado y que todo el mundo estuvieran en los cierto. Este es un mundo para los que estn dispuestos a ir a la guerra, a librar batallas, a fracasar, pero sobre todo a ganar, tendra que aceptarlo muy a pesar suyo. Sac un pitillo y se lo puso entre los labios. Todo el mundo pareca fumar en aquellos tiempos, y l haba empezado a hacerlo tambin. Todo el mundo fumaba, o

  • haba empezado a fumar, mir al carretero que tiraba de las riendas mientras exhalaba una nube de humo al momento extinguida. Dicen que existe una relacin directa entre entre el tabaco y la ansiedad, la obsesin de los que son capaces de sentir que mueren tan lentamente como envejecen. Poda ser tambin su caso, una forma de enfrentarse a la prdida de facultades y la inutilidad de cualquier forma de vivir, tambin la inutilidad del arte. Los artistas, y Boskeff lo era profundamente, son inconscientes e incorregibles, mucho de ellos nace de la espontaneidad y la intuicin, debemos reconocerle todas las caractersticas propias del talento. De pronto encontrarnos con un artista hasta sus ltimas consecuencias, debera exigir de nosotros un trato reverencial, y un consentimiento desigual. Si nos encontrramos ante un ser corriente, no sera necesario, pero..., cmo tratar a un hombre que sufre, goza y percibe la vida hasta empaparse? El riesgo emocional no es menor, y sus reacciones tampoco son predecibles. La mayora de sus amigos, clientes, familiares, admiradores y crticos, no son conscientes de la cualidad que los artistas tienen para percibir la vida abiertos de carnes, y los tratan quitando importancia a su presencia casi mtica, o por el contrario intentan un respeto tan poco natural como el que se le tiene a un obispo. Por eso, casi nunca estn cmodos en ningn ambiente que no sea bohemio y pecador. Por su parte Boskeff, haba cometido -bienintencionadamente-, el error de desear una familia, lo que para un ser de esta ndole estaba necesariamente llamado al fracaso. El camino estaba lleno de agujeros enormes, y apenas hacan nada por evitarlos, se movan de un lado a otro o dando saltos, con una violencia inesperada en tramos de cuestas pronunciadas. La conoca bien, ella no protestara por mucho que el carretero se empeara en llevarlos por el peor de los sitios. La primavera iba sin freno, y no sintieron fro en ningn momento, eso al menos era una avance, pero las lluvias del invierno haban arrastrado tanta tierra y tantas piedras que el suelo pareca un campo levantado para la siembra. Enfrente estaba un nuevo reto, y se acercaban con un movimiento incesante, eso era lo que deba importarle. De acuerdo, nada iba a ser fcil, pero nada iba a ser imposible, de una forma o de otra, algn sitio habra para l en aquel lugar retirado del mundo.

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    Las Prdidas Asumidas

    Desde la angustia todo sucede en ocasiones con una fragante correccin. Toda la cultura, la familiaridad de la poesa y las palabras condescendientes, nos llegan

  • precedidas de faltas, de pureza y de verdad. Se sobreentenda su estancia en aquella casa, pisando con cuidado por lo que tuviera de falsa firmeza, recortando el final de las frases porque le parecan demasiado largas. Era la suya, la implcita estructura osea de una voz desconocida, pero la reconoca si llegaba a escucharse con atencin. Se constituye la convivencia sin apenas referentes, ms all de ser algo de alguien, pariente o amigo, da igual; si al final cualquier movimiento termina por estar confinado, retenido, poco natural, preso de inmodestia, el conocimiento del otro se va apretando, constriendo hasta el desmayo. Por este deambular de sensaciones incmodas de seres extraos en casas ajenas es por lo que siempre se termina por avanzar en la precisin de una ruptura, que con Boskeff no poda ser de otro modo que amistosa. Por esta sucesin predestinada de los acontecimientos, he llegado a pensar si de algn modo podra su amada mujer haberlo presentido. No haba pretendido que todo sucediera as, pero algo inconsciente la llevaba a rescatarlo de su vida, de sus pecados, y al llevarlo al pueblo demostrar que exista, que no era una invencin de madre soltera, y que aunque no pasaran por su mejor momento, se haban amado hasta la extenuacin. En poco tiempo Boskeff estar extenuado de llevar una vida que no comprende, todos intentan ser amables, sin embargo, una barrera infranqueable de no decir lo que se siente realmente se alzar entre l y el resto de los ocupantes de la casa. Despus llegarn los silencios y no superar los reproches de su mujer, los que con miradas le haga, porque apenas se hablarn. Ella lo sabe, sabe que suceder, que no aguantar la presin, y que los abandonar. Ha pasado un tiempo desde su llegada, nada ha sido casual, est contento de ver de nuevo a su hija y ha empezado a trabajar en la mina. Como no poda ofrecer todo lo que se esperaba de l, mediante una aparente animosidad, se aproximaba el da de poner las cartas boca arriba y decidir si prolongar la situacin, que por artificial no menos incmoda. Esa inseguridad tendida desde el primer momento, y precedida del ultimatum de Ronna, del viaje que ella hizo para poner las cosas claras y de su propia conviccin para poder afrontar su pobreza, pona delante de s la necesidad de un esclarecimiento, de la definicin de su forma de estar y de vivir en su nueva casa: y cuanto ms lo pensaba ms fuera de lugar se encontraba. A medida que pasaban los das, sin poder culpar a nadie por ello ms que a s mismo, ms convencido estaba de que deba abandonar a su familia, y eso era una decisin que lo pona al borde del abismo. Haba llegado el momento definitivo, se haba situado en el lmite, el lugar que buscan los artistas, el borde del precipicio por el que discurrir en equilibrio sin caerse, y se trataba de un paso ms, el punto acpite de su matrimonio. Durante el tiempo que vivi en la casa de los padres de Ronna, estuvo sufriendo de indecisin, y en un momento preciso supo que iba a ser siempre as. Fue entonces cuando una revelacin le lleg en medio de su vida desorganizada, y esa era, amaba a su mujer y a su hija, y deba permanecer lo ms cerca posible de ellas, pero no era capaz de guardar el mismo techo, de seguir en la misma casa, sin temor a morir en el intento. Y as, convencido de que su revelacin era una seal verdadera, convencido de sus motivos habl con Ronna y descubri que ella no pondra ningn impedimento a un hecho de tanta transcendencia, y que tena ya los tintes de lo irreversible entre sus costuras. Fue

  • entonces cuando tuvo la sensacin de haber cumplido un deber superior al acompaarla an sin la conviccin de hacerlo, y de que ella se haba planteado en primer trmino, como un compromiso de ciudadana, mostrar en el pueblo al padre de su hija, al hombre con el que estaba casada, y el resultado de unos aos de fiel compromiso: lo que sucediera en adelante, si se amaban o no, si superaban sus diferencias, o si decan separarse, eso ya no tena la misma importancia. De haber sido engaado, ste se habra producido con una dulzura exquisita que habra sido rozado sin apenas enterarse, o eso, o que todo diera igual, su decisin no era importante, que hiciera lo que quisiera, pareca extraer de las respuestas insensibles, casi indiferentes, de su mujer. Habra ella estado deseando en secreto que diera ese paso? Nunca lo sabra. Llegado a este punto, ya nada lo ataba ms all del afecto por su hija, y se busc una habitacin en el pueblo, a la que volva los fines de semana, despus de haber picado y extrado de la roca, cargado en arquetas de hierro y empujado sobre vas frreas, el carbn que empezaba a teir su piel hasta igualar sus pretensiones artsticas a cualesquiera otras que sus compaeros tuvieran. La maana que abandon la casa para siempre lo hizo sin ms que una bolsa con algunos objetos personales, la misma bolsa que arrastr desde que abandon la universidad para entregarse por completo a la pintura, y la misma bolsa que aport a su matrimonio el da que se cas con su mujer. El silencio era total, todos dorman y se condujo con sigilo; a pesar de su intento por pasar desapercibido Ronna abri los ojos y lo observ decidido pero dbil, dejando sobre la mesilla de noche una carta que ella deba leer ms tarde, y en la que le expona sus razones para dejarlo todo. La conversacin que se produjo entre los dos en ese instante fue muy corta. Ella no consigue desperezarse del todo y se apoya en el cabezal, habla muy bajo, y pregunta, entonces has decidido irte?, a lo que el responde que s. En ningn momento existe por parte de ninguno la intencin de hacer pensar al otro en los mismos trminos.

    -Vendrs a ver a la nia?, Vuelves a la ciudad?

    -Vendr a verla siempre que pueda. Seguir en la mina. He alquilado una habitacin, estar bien despus la besa, besa la cabeza de su hija que duerme en su cuna, y sale procurando no hacer ruido. Todo ha terminado.

    Tan esclarecido quedaba el horizonte, a partir del ejercicio de la libertad forzada a la que se enfrentaba, o ms bien a la libertad a la que se arrojaba sin remedio, que el tiempo que tena libre lo dedica a deambular por el pueblo sin timidez. Extraado de la respuesta de los ciudadanos a los discursos del candidato -al que ya conoca porque haba odo hablar de l en la casa de sus suegros-, del sostn de los aplausos que lo mantena en una enfervorizada categora de desdn hacia el drama de los desposedos. La muerte acuda al mensaje entre lneas como nica finalidad, morirse en el pueblo de sus ancestros sin que nadie cambiara sus costumbres antes de que ese momento llegara, pareca justificacin suficiente, para proclamarse smbolo de un sentir que pareca conocer sobradamente. La sofocante aproximacin de las elecciones creaba la falsa expectativa de libertad,

  • que por la reaccin de los ciudadanos pareca sincera, todo resultaba difcil de explicar en esos trminos. Todo resultaba tan artificial a medida que se aproximaba la fecha de acudir a depositar la papeleta en la urna, que nadie hubiese dudado de la buena voluntad de los gobernantes de llevar a cabo el cambio democrtico prometido. Insinuar que en realidad nada iba a cambiar le hubiese generado algunas enemistades en el pueblo a Boskeff, sin embargo, en el seno del movimiento sindical clandestino que an se mova en la mina, exista el descreimiento de todo lo que desde la oficialidad les llegara. La creacin de un partido paralelo al Partido Institucional, fue la ltima creacin de los hombres que visitaban a Giacomo con la intencin de que todo tuviese una apariencia ms legal. Aquellos hombres no reparaban en gastos, y llegaban hasta el pueblo ms pequeo, todo responda a un plan perfectamente elaborado y consentido. Si tomamos en cuenta, la buena voluntad de la poblacin, el deseo de una transicin pacfica y el deseo de llevar vidas sacrificadas, pero sin sobresaltos, no es difcil de entender que el da de las elecciones todos fueran a votar vestidos con sus mejores galas; Boskeff tambin lo hizo y lo hizo delante de Ronna que estaba sentada identificando los nombres de la documentacin que los votantes le facilitaban, sobre una lista que le haban proporcionado a tal efecto. Apenas la mir, deseaba acabar pronto, se saludaron, y eso fue todo. Es posible que detrs del procedimiento poltico haya siempre una necesidad de contentar a todos que nunca termina de ser satisfecha, y que por eso debe complementarse con la justicia. Esta necesidad de pedir justicia, ms all de donde los poderes democrticos pueden llegar, tampoco estaba suficientemente bien esclarecida o desarrollada en las nuevas propuestas del estado, y el descontento en la mina era creciente. Las situaciones de desamparo creadas a los efectos de nuevos turnos -turnos que se haban implantado sin negociacin previa, y que prolongaban la permanencia bajo tierra-, provocaban una excitacin latente de la que no se poda culpar a instigadores llegados de fuera, o a rdenes polticas y sindicales que pretendieran confundir las nuevas expectativas del proceso, que se deca democrtico, en el que estaban envueltos. En todo caso, una nueva situacin de descontento iba de la mano, con las nuevas promesas de libertad y el uso que de estas expectativas haca La Compaa del Carbn. Nada poda justificar algunos episodios de sabotaje quede folk aguardentosa empezaron a sucederse cobre todo en mquinas y herramienta, pero eso era una seal de que el conflicto tena una gravedad creciente. Detengmonos un momento en el transcurso inmoral de la vida al margen de los conflictos y los dramas laborales, aceptemos que los ciudadanos deben seguir con sus vidas presionados por la naturaleza de su salud mental, de evitar una depresin continuada, porque de otra forma no le podemos llamar a aquello, lo que los lleva a esconderse de las malas noticias. Tal vez sea injusto trazar una linea tan gruesa sobre la inmoralidad de querer conservar todo el poder en las costumbres propias, pero los comentarios acerca de los extranjeros, a los que algunos acusaban de llegar para apoderarse del trabajo de los nativos, resultaba inaceptable. Detenernos en que la vida contina para darle la espalda a otras inquietudes, nos lleva a los ltimos acontecimientos sociales, inauguraciones, matrimonios y paternidades de personajes pblicos, exposiciones culturales, inversiones en plazas y paseos y el tema de

  • actualidad, la proximidad de unas elecciones, todo ello noticia repetida en los peridicos locales. Y que, sin embargo, coherentes con la divergencia oficial, jams publicaran las desavenencias y devastaciones en el noviazgo del principal candidato. Cristalys rompi con Gicomo cuando faltaban apenas unas semanas para el da de las elecciones, nada tan artificial como les habra parecido a los periodistas si se hubiese tratado de un personaje principal en la marcha del equilibrio nacional, pero no era as, la importancia de Gicomo no estaba ni iba a estar ms all de los lmites de su pueblo. Una inesperada reaccin lleg desde el exiguo lenguaje licoroso de Cristalys -de la que todos conocan su pasado como vocalista principal de una banda de folk aguardentosa-, lanzando como insulto hacia su novio a grito pelado desde una de las ventanas de su propia casa todo tipo de crticas, cuando hasta aquel momento de desencuentro se haba comportado con una timidez que ahora resultaba extraa. Aunque tambin puede sacarse de este suceso una doble interpretacin, la huida por despecho al cerciorarse de que sus sueos de un matrimonio y una vida corriente se venan abajo, o tambin, la posibilidad de que hubiese descubierto algn aspecto del juego sucio poltico, lo que suele tener lugar en este tipo de enfrentamientos, y que de todo ello descubriera una parte de Gicomo que nunca antes haba visto y que le resultaba muy falsa y desagradable. Y fue Boskeff en uno de sus paseos rutinarios el testigo de aquellos gritos exhalados por una mujer casi desnuda desde una ventana, y le sirvi para terminar de identificar una de las realidades a las que la vida nos somete, la conjuncin de un nmero necesario de casualidades, para que la conciencia despierte a realidades que, hasta ese momento, tercamente haban permanecido ocultas. En cuestin de minutos, haba pasado de retirarse de uno de los mtines callejeros de aquel hombre que empezaba a resultarle insoportable, a toparse con su novia dando un discurso muy diferente por su parte, el nico discurso de su vida, rudo, altanero y desorientado, pero muy eficaz. Y algunos das despus cuando vio a Ronna sentada en la mesa electoral, y a aquel hombre no tan lejos de ella, conversando con sus amigos, ya no pudo evitar relacionar que las rupturas de las dos parejas se produjeran en tan corto espacio de tiempo. Esta imperiosa necesidad de conocerse llev a muchos en el pasado a ser atrados en la direccin de sus problemas, actitud perfectamente aceptada y asumida por la moral tradicional, an en el convencimiento de que algunas uniones eran una bomba de relojera. Con la conviccin de su recin estrenada libertad, Boskeff se qued parado como un idiota, viendo a Cristalys evolucionar con todo su encanto natural, exponiendo medio cuerpo ms all de los lmites de la ventada de su habitacin.

    -Y t, qu miras? -le desafi. Boskeff se encogi de hombros sonriendo y sigui su camino.

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    El Encanto De La Descomposicin

    Llegados a este punto, en el que un artista -as considerado por su inconsciente-, nunca antes bregado en trabajos que exigieran de l una fortaleza de cuerpo y una rudeza de carcter que no tena, deba empezar a considerar cualquier aspecto extrao que hasta entonces lo envolviera delicadamente y lo protegiera del mundo. Deba sobreponerse, aceptar su destino y poner todos los medios a su alcance para no sucumbir en el intento. l se vea dbil, en inferioridad de condiciones, nunca antes instruido en trabajos parecidos, y poco apoyado por sus compaeros a los que apenas conoca, sin embargo, dispuesto al sacrificio. Esa iniciacin inconsciente, era lo que los mineros llamaban la prueba, y que no era superada antes de un ao por casi ningn nefito, tiempo en el cual, aquellos que pretendieran dedicarse a aquel oficio deberan decidir si era eso lo que realmente queran hacer, si estaban preparados para ello y si su salud se lo permitira. La absoluta conviccin de Boskeff, le haca enfrentarse a cualquiera que pusiera en duda su capacidad, y as se fue ganando, uno a uno, el respeto de sus compaeros, sin necesidad por ello de duplicarse, competir a la carrera, o hacer parecer que poda ser cualquier cosa diferente a lo que era: Lo que haba era lo que haba, y no iba a necesitar ms. Utiliz todos sus recursos para congraciarse con aquella rudeza que no le conceda ni un respiro, sac fuerzas de sus carnes delgadas, de su mnima fisonoma, y no dej lugar a posibles dudas sobre sus posibilidades. El inters por la poltica le llegara despus de haber encontrado una cierta estabilidad e integracin en su puesto de trabajo. Lo que lo atrajo en primer lugar, fue el discurso y la desenvoltura de los oradores sindicales, que una y otra vez les repetan que el obrero debe hacerse respetar, y que los que se vendan aceptando favores, en realidad, los vendan a todos. A l, como a tantos otros, los folletos sindicales les abrieron un apetito voraz por textos ms densos y complicados acerca de la accin revolucionaria. No lo plane, de hecho, nunca pens que pudiera suceder as, nunca haba pensado en ello, pero al verse inmerso en un mundo de derechos vulnerados durante ms de una centuria, cada nueva injusticia que llegaba a su conocimiento, provocaba la nusea que lo animaba a seguir leyendo y aprendiendo. Super la prueba poco antes de cumplir el ao, y lo supo porque notaba la confianza que todos depositaban en l, y eso le produjo una gran satisfaccin. Si hubiese tenido suficientes aos para apreciar en su totalidad la marcha de su vida, no estara tan feliz, al contrario, posiblemente hubiese llorado. Hubiese sentido la amargura de sus fracasos sin retorno, el punzante reproche de presentirse intil para el mundo, incapaz de sobresalir. Reflexionar acerca de la marcha de las cosas no era

  • lo que sola hacer, as que no llegara a reprocharse nada, al menos mientras las fuerzas no le fallaran y su corazn an albergara algn sueo de aventuras y nuevos desafos. Contemplar en su caso el valor de las casualidades empezaba a resultar ms que conveniente. l y Cristalys no eran lo que se podra decir, una pareja afn, no resultaban crebles porque ella era sofisticada y el se haba convertid en el transcurso de aquel ao, en un incansable trabajador. No se trat de un intercambio de parejas con carcter definitivo, si bien todo encajaba mejor, haba ms confianza entre ellos y la parte que se refiere a Ronna y el nuevo alcalde, se super con xito cuando ella se fue a vivir, tambin con su hija, a la bonita casa amurallada que Gcomo tena en el centro mismo de la Villa. Creo que mucho del descontento interior que finalmente, tal vez en nuestra vejez aflora, tiene que ver con hacer lo que nos conviene en cada momento, an sabiendo que escapar a determinados sacrificios puede ir en contra de nuestra conciencia. En su caso, Ronna dej de ver a Gicomo como un racista, de pronto al saber que ya no estaba con Cristalys, y al sentirse cortejada, atendida y llena de lisonjas gratuitas, empez a sopesar que se haba equivocado con l, y que posiblemente no era tan malo como en la distancia le haba parecido. El viejo amigo de infancia del que tena tan buenos recuerdos se manifestaba de nuevo, y en poco tiempo estuvieron viviendo juntos. Boskeff, trabajaba toda la semana y dorma en los barracones de la compaa, en la montaa, con el resto de mineros. Los fines de semana bajaba al pueblo y pasaba tres das con Crystalis en un piso que compartan como si se tratara de dos recientes enamorados, al menos eso pensaban todos. La distorsin de amores tan diferentes y distanciados se adecuaba, sin embargo, a las necesidades del momento. Los fracasos anteriores rebajaba cualquier exigencia, y resultaba poco creble que una chica como Cristalys, que en unos meses aspirara a ser la mujer de uno de los hombres ms influyentes de la comunidad, de pronto, en un giro retorcido en la torsin flexible de su pasado inconfesable y la asuncin de su realidad ms precaria, fuera capaz de acomodarse a compartir un pequeo piso con un hombre que no tena nada que ofrecer. El espacio que marcaba su diferencia no era inocuo, le dola la profundidad de la nueva vida de Ronna, y a la vez la superficialidad de la suya. Los vea pasar como una familia feliz, desenvolverse con todo lo necesario para una vida nueva y fructfera. De alguna manera estaba emparentado con el cacique del pueblo, y eso no le justaba, pero no iba a renunciar a su arraigo, al sentimiento que le haca recoger a su hija y pasar horas con ella intentando comparar la calidad de sus minutos con otros que le pudieran dar. Conversar, eso era todo lo que necesitaba para ir metiendo en aquella cabecita la necesidad de no renunciar nunca a su padre verdadero. Le aterrorizaba la idea de que en algn momento tambin su hija pudiera rechazarlo, pero desde luego no se lo estaban poniendo nada fcil. Entre inciertos pensamientos haba das de sosiego en los que Boskeff intentaba dormir pegndose a Cristalys, se trataba de un viaje fantstico en el sueo del que recoga los despojos de sus esperanzas y los prolongaba hasta el amanecer. Esos mismos sueos concertaban los nuevos cuadros a los que se dedicaba, los que iba haciendo en horas muertas, las horas que nadie quera y que haban sido abandonadas antes de morir. Haba una

  • ausencia de rigor, al intentar sobreponerse a todas las nuevas cond