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    VIENTOS DE CAMBIO

    LA IGLESIAANTE LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS

    F. Javier Vitoria

    I NTRODUCCIN ..................................................................................................................1. EL CONCEPTO SIGNOS DE LOS TIEMPOS .............................................................

    1.1. El uso ................................................................................................................1.2. El significado .................................................................................................1.3. Los signos del Reinado de Dios

    en las experiencias de contraste ................................................1.4. Los pobres y el discenimiento

    de los signos de los tiempos ............................................................2. CUATRO SIGNOS ACTUALES DEL REINADO DE DIOS .............................................

    2.1. Las desigualdades del mundo ..................................................................2.2. La emancipacin de las mujeres .............................................................2.3. El pluralismo cultural .................................................................................2.4. La cultura democrtica ...............................................................................2.5. Punto final ........................................................................................................

    NOTAS ..................................................................................................................................

    CUESTIONES PARA LA REFLEXIN .................................................................................

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    INTERNET: www.cristianismeijusticia.net Dibujo de la portada: Roger Torres Impreso enpapel y cartulina ecolgicos Edita CRISTIANISME I JUSTCIA Roger de Llria, 13 -08010 Barcelona Telfono: 93 317 23 38 Fax: 93 317 10 94 info@fespinal.com Imprime: Edicions Rondas, S.L. ISSN: 0214-6509 ISBN: 84-9730-287-7 Depsito legal:B-4.228-2011 Febrero 2012La Fundaci Llus Espinal le comunica que sus datos estan registrados en un fichero de nombre BDGACIJ, titu-laridad de la Fundaci Llus Espinal. Solo se utilizan para la gestin del servicio que le ofrecemos, y para mante-nerle informado de nuestras actividades. Puede ejercer los derechos de acceso, rectificacin, cancelacin y opo-sicin dirigindose por escrito a: c/ Roger de Llria 13, 08010 Barcelona.

    F. Javier Vitoria, es sacerdote de la dicesis de Bilbao. Profesor jubilado de la Facultad deTeologa de Deusto. Profesor invitado en la UCA de El Salvador. Miembro del consejo de direc-cin de la revista Iglesia Viva . Ha publicado con esta coleccin: Irak guerra preventiva?(Cuaderno n 117); Cristianismo beligerante con la injusticia. Manifiesto a los 20 aos de CJ (Cuaderno n 100); Un orden econmico justo (Cuaderno n 87). Es miembro del equipo deCristianisme i Justcia .

    A los quemados,a los hartos,

    a los cansados o simplemente aburridospor los modos de proceder de la Iglesia institucional.

    Con la ilusin de que la esperanza, suscitada por el Vaticano II,pueda renacer prontodesde las cenizas de su derrota.

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    INTRODUCCIN

    El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dnde

    viene ni a dnde va. As es todo el que nace del Espritu (Jn 3,8). Conestas palabras Jess de Nazaret invita a Nicodemo a escuchar la vozdel Espritu de Dios. Es su conditio sine que non para nacer de nuevoy entrar en el Reino de Dios (cf. Jn 3,3.5). Una invitacin semejante desu Seor llega hasta la Iglesia del siglo XXI en estos tiempos tan exten-sos de encrucijadas y tan aturdidos en las crisis. Pero con una particu-laridad. El Soplo del Espritu no es un viento poderoso que arrancamatojos y limpia los caminos de siglos de destrozos contra la justiciay la libertad, como hemos cantado tantas veces gracias a la inspiracinde Jos Antonio Labordeta. Tampoco parece que sea verdad que lasemilla de los nuevos tiempos llega con los vendavales, como canta-ba Carlos Cano en memoria de aquel gigante de la solidaridad con lospobres y testigo del Evangelio que fue Diamantino Garca. El Soplo delDios del Reino y de Jess de Nazaret tiene ms bien la intensidad so-nora del susurro de aquella brisa suave, que el profeta Elas escuchen el monte Horeb (cf. 1Re 19,9-12). Si hacemos caso a Dolores Alei-xandre, la Iglesia va a necesitar escuchar la voz de un silencio tenue1en una poca y en un espacio agitados por aires huracanados de todotipo. Tarea nada sencilla en medio de tanto barullo ensordecedor. Y sin

    embargo de una importancia vital para ella.Con sensibilidad evanglica y una sabidura que recuerda a la de losparapentistas, la Iglesia ha de saber identificar la voz del Viento deDios, averiguar dnde sopla y en qu direccin para dejarse mover por l, y no por otros aires, aunque soplen desde la curia vaticana.Y si alguien se siente molesto por esta alusin a la curia, le invito arecordar una leccin de la historia reciente de la Iglesia: el concilioVaticano II, bajo la direccin del Espritu Santo, sali adelante con laoposicin de los poderes fcticos de la curia vaticana y tras rechazar

    algunos de los esquemas iniciales que los curiales haban preparadopara el debate y la aprobacin conciliar. El Soplo de Dios es el nico3

    Es propio de todo el Pueblo de Dios, pero principalmente delos pastores y de los telogos, auscultar, discernir e interpretar,con la ayuda del Espritu Santo, las mltiples voces de nuestrotiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina, a fin de que laVerdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida yexpresada en forma ms adecuada [GS 44a]

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    aire capaz convertir el actual desmoronamiento de la institucin ecle-sial en el vuelo de la sacramentalidad salvfica para la humanidad [cf.LG 1] y de impulsar a la Iglesia nuevamente rumbo a los espacios delReino para acogerlo y servirlo. Este cuaderno est escrito con la inten-cin de compartir con los compaeros y las compaeras de mesa de

    Jess esta conviccin: vientos de renovacin recorren la Iglesia impul-sados por la Voz de Dios.El Soplo de Dios viene envuelto en los vientos recios de cambio quehoy recorren nuestro mundo. Unas veces chocando, otras sorteando,pero siempre pugnando con otras corrientes poderossimas que pre-tenden sofocarlos para perpetuar el desorden establecido en el quevivimos. En este crucial contexto histrico el anuncio del Reino de Diosno podr ser anunciado si no va acompaado del testimonio de la po-tencia del Espritu Santo, presente en la accin de la comunidad cris-

    tiana al servicio de sus hermanos y hermanas, en los puntos donde se juegan stos su existencia y su porvenir (Pablo VI, Octogesima Adve-niens 51). Entendemos los signos de los tiempos como los ecos delSoplido susurrante de Dios y subrayamos la importancia de su indaga-cin y discernimiento para que una Iglesia, renacida de nuevo, puedadar testimonio de la potencia del Espritu, cumpliendo hoy con su mi-sin de anunciar e instaurar el Reino de Dios, siendo ella misma en latierra el germen y el principio de ese reino [LG 5].

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    1.1. El uso

    Pablo VI tambin utilizar la nocincomo clave de la renovacin de la Igle-sia:

    Esto no significa que pretendamoscreer que la perfeccinconsista en lainmovilidad de las formas, de quela Iglesia se ha revestido a lo largode los siglos; ni tampoco en que sehaga refractaria a la adopcinde for-mas hoy comunes y aceptables delas costumbres y de la ndole denues-

    tro tiempo. La palabra, hoy ya fa-mosa, de nuestro venerable Prede-

    cesor Juan XXIII, de feliz memoria,la palabra aggiornamento, Nos latendremos siempre presente comonorma y programa; lo hemos confir-

    mado como criterio directivo delConcilio Ecumnico, y lo recordare-mos como un estmulo para la siem- pre renacientevitalidad de la Iglesia, para su siempre vigilante capacidadde estudiar los signos de los tiemposy para su siempre joven agilidad deprobar... todoy deapropiarse loquees bueno (1Tes 5,21); y ello, siem-

    pre y en todas partes. [ EcclesiamSuam 19]5

    1. EL CONCEPTO SIGNOS DE LOS TIEMPOS

    El uso del concepto signo de los tiempos es muy reciente en la Igle-

    sia. Slo tiene cincuenta aos. El 25 de diciembre de 1961, Juan XXIIIlo introdujo en el lenguaje del magisterio, por primera vez y en un contex-to histrico crucial para la Iglesia, mediante la Constitucin HumanaeSalutis que convocaba el concilio Vaticano II. Siguiendo la recomen-dacin de Jess, cuando nos exhorta a distinguir claramente los sig-nos... de los tiempos (Mt 16,3), escribe el Papa Roncalli Nos cree-mos vislumbrar, en medio de tantas tinieblas, no pocos indicios que noshacen concebir tiempos mejores para la Iglesia y la humanidad.2

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    Finalmente el Concilio Vaticano II,no sin protagonizar un fuerte debate enel aula conciliar,3 la consagrar definiti-vamente para la vida eclesial.4 La Cons-titucin Pastoral sobre la Iglesia en elmundo actual postular la indagacindelos signos de los tiempos, como tarea propia de todo el Pueblo de Dios, conunatrascendental triple finalidad:a) res- ponder a los interrogantes de cada gene-racin;5 b) percibir la presencia y los planes de Dios en la historia;6 y c) hacer inteligible al hombre de hoy la verdadrevelada.7

    Convienedetenersey reflexionar so- bre un par de afirmaciones del Concilioque hoy corren el peligro de olvidarse eincluso negarse en la prctica.

    1.1.1. Auscultar, discernir e interp